Dijo Fabián Ayala que Bielsa fue el único entrenador capaz de
hacerle rendir al máximo nivel. El motivo era claro: 'El Loco' logró despertar
al amateur que el central llevaba dentro. Daba igual el dinero, daba igual la
fama; nada importaba excepto la pasión por oficio. En otras palabras: para
Ayala nunca hubo nada más poderoso que el amor por lo que hacía.
Yo no conozco las altas esferas del fútbol, pero vivo el día
a día de la radio local. Y puedo decirle, señor Ayala, que tiene usted toda la
razón. Que no hay nada como querer lo que te ocupa. Porque la actitud ningunea
a la aptitud. Cómo si no pudo exhibirse aquel Getafe en el Allianz.
Y es que la historia de nuestra casa, Radio Despí, como la de
la mayoría de radios locales, está construida sobre el esfuerzo. En los
micrófonos municipales rara vez se oyó la palabra "dinero". Pero
nunca hizo falta. Porque la ilusión por las ondas traspasa cualquier barrera.
Las radios locales luchan para mantener programaciones
dignas. Y lo consiguen. Allá donde se necesitan, aparecen directores y colaboradores
que sacan horas de donde no las hay, que renuncian a muchas otras cosas de sus
vidas para mantener viva una voz en su frecuencia.
En las radios municipales todas las manos suman. En ese
entorno familiar convergen programas y personas para todos los gustos. Hay
viejos con el ímpetu de jóvenes y jóvenes con la experiencia de viejos.
Música, cine, deportes, videojuegos: todos los aspectos de la vida retratados
desde un punto de vista genuino.
Por todo eso, desde aquí, me gustaría reivindicar el papel de
las radios municipales. Porque detrás de cada uno de estos diales consistoriales se
esconde una suma desmedida de ilusiones. Porque la radio municipal la vertebran
amateurs. Parafraseando la reivindicación más famosa de Bielsa: ¡Las radios locales, carajo!
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